Como mujer no tengo que salir con miedo a la calle, como mujer no tengo que pensar que ponerme o que no, como maquillarme o como no hacerlo para provocar a alguien, como mujer no debo admitir que el acoso callejero, soy mujer y no me dejo amedrentar, exijo respeto y establezco los límites, por mi y por las otras mujeres que piense el acosador abordar, para cuando lo quiera intentar lo piense dos veces. Yo me paro finito.
lunes, 25 de enero de 2016
Como mujer
Como mujer no tengo que salir con miedo a la calle, como mujer no tengo que pensar que ponerme o que no, como maquillarme o como no hacerlo para provocar a alguien, como mujer no debo admitir que el acoso callejero, soy mujer y no me dejo amedrentar, exijo respeto y establezco los límites, por mi y por las otras mujeres que piense el acosador abordar, para cuando lo quiera intentar lo piense dos veces. Yo me paro finito.
HOLD UP
ESCENA I
(En un café-libro,
son las cinco y media de la tarde. Una mesa redonda, una silla paralela al
público, en la silla está sentado Felipe, joven de 24 años, frente a él un café
caliente que jamás tocará, al otro lado de la mesa hay otro café servido.)
Felipe: (Al
público) Cuando la conocí el día estaba obscuro, bueno, es lógico ¿no? Estaba
atardeciendo… (Se escucha lejana la canción “Stop crying your heart out” de
Oasis, Felipe sonríe y tararea un poco, repite el coro) I’m not scared… ¿La
había escuchado antes? Seguro que sí. (Pausa) Cata la ponía a todo volumen
cuando íbamos en su carro, un día le subió tan fuerte que en una salida no
escuchamos el pito de otro carro y casi nos estrellamos, pero la canción estaba
tan fuerte, ella cantaba tan desafinado que el pobre tipo tuvo que hacer un
esfuerzo sobre humano para madriarnos, luego ella aún cantando lo volvió a
mirar, bajo su cristal, miró al tipo de arriba abajo, se cagó de la risa y
arrancó. Estábamos muy high. (Pausa) Ese viernes me pagaban y estaba esperando
salir para irme a enfarrar con unos parceros… mire yo no sé cómo, ni porqué,
pero cuando me mandaron a llevar ese capuccino ella estaba leyendo un libro de
arte moderno y justamente estaba en la
parte de Klimt, yo me quedé detrás de ella mirando la fotografía de la Dánae…
yo creo que se incomodó y por eso se volteó a mirarme. ¡Pa!. Como una flecha, esos enormes ojos saltones que me
miraban sobre las gafas. “¿Bonito, no?”, me dijo, yo asentí con la cabeza, nos
sonreímos y le puse el capuccino en la mesa. Después todo se fue a mal. Yo
sentía que la había visto antes. Me puse a detallarla mientras estaba en la
barra. ¡Adele! Claro, igualitas. El cabello negro ondulado, la figura
delgadísima, los labios finos, sus ojos gigantes y castaños y por supuesto su
cara de “me importa un culo todo”. Yo no me pude aguantar y me le acerqué a la
“Adele Bloch-Bauer” del café para decirle algo tonto sobre qué si sabía que el
famoso pintor Gustav Klimt le había hecho un retrato, ¡pero ella me cortó!...me
cortó diciendo que ya lo sabía, que también había visto historia del arte en la
universidad y que se llamaba Catalina,
no Adele. ¡El segundo “Pa”! (Pausa) Me fui a la mierda…me enamoré. (Pausa) Mire
yo no lo invité aquí para contarle como me volví el amante de su mujer, ni para
ofrecerle disculpas… yo sé que es incómodo. (Pausa) Yo solo le quería decir que
esa noche cuando usted se quedó en la mesa tomándose un vino o qué se yo y Cata bajó a buscar algo en
el carro, ella no iba sola.
ESCENA
II
(Habitación de
Felipe. Catalina, mujer de 43 años, fuma sentada en el borde de la cama, solo
lleva puesto su ropa interior, está inquieta, fuma cada vez más desesperada. Al
otro extremo de la habitación Felipe también en ropa interior, está de pie, se
agarra fuertemente con las manos la cabeza, su rostro se ve enrojecido)
Felipe:-
(Alterado) ¡Que no fumes más, Cata!
(Catalina lo
mira con ira, se gira y continúa fumando)
Felipe: -¡Ya
Catalina no más, que no fumes más, que eso va a joder...!(Catalina lo
interrumpe)
Catalina: - No
me jodas.
Felipe: - Mira
que vas a llegar oliendo a cenicero y se va a dar cuenta.
Catalina: -
No me jodas.
Felipe: -
(Conciliador, va a tocarle la cabeza a Catalina) Ven, ven y te ayudo a
arreglarte el pelo para que (Catalina se mueve bruscamente y lo interrumpe)
Catalina: - ¡Que
no me toques! ¿Crees que me importa un culo lo que piensen esos
pseudo-burguesitos de mierda? ¿O crees que mi esposo le va importar más como
voy vestida o a qué huelo que sus conversaciones del partido con el pendejo de
Suarez y su mujer? No seas idiota, Felipe.
(Catalina va a
encender otro cigarrillo)
Felipe: -
Entonces quédate. (Delicadamente le quita el cigarrillo de la boca)
(Catalina lo
mira a los ojos y le da un ataque de risa)
Catalina:-
(Riéndose) No seas iluso (Continua riéndose hasta que se calma) ¿Tú crees que
en este punto de mi vida yo pueda darme el lujo de salir corriendo y dejar todo
tirado por un peladito que conocí hace una semana? o ¿qué?¿me vas a mantener a
punta de quincenas de café? O ¿Vas a llegar en bicicleta cuando nos veamos en
un restaurante para comer? No, claro que no, porque con ese sueldo de mierda
que ganas a fuerza te alcanza para comer y comprar marihuana (Pausa, Catalina
se calma) Felipe, de verdad lo siento… yo no quise… es que esta situación me
tiene… (Felipe rompe contra el suelo la lámpara del nochero.)
Felipe: -Váyase.
Catalina:- Pipe,
enseri…
Felipe:
(Gritando) ¡Váyase!
Catalina:-
(Gritando) ¡No! A mí me tienes que escuchar. ¡Felipe!
(Felipe la toma
de un brazo por la fuerza, ella se reúsa, forcejea con él, le grita groserías,
le da bofetadas, lo muerde. Felipe abre la puerta de la habitación, la empuja
afuera y le cierra la puerta en la cara. Catalina patea la puerta desde afuera.
Felipe recoge un vestido y un par de tacones, abre la puerta los arroja a los
pies de Catalina y vuelve a tirar la puerta.)
Catalina: - (Voz
en Off, llorando) ¡Hijueputa! ¡Hoy le cuento todo! (Sollozando) Maldita sea la
hora en que me enamoré de ti.
ESCENA
III
(Son las 5 y 20
de la tarde. Catalina está sentada en el asiento del piloto de su carro,
atrapada en un embotellamiento. Desde el público la vemos de espalda, es decir,
la parte de atrás del carro da al proscenio. Catalina toca impaciente la bocina
del carro. Saca un cigarrillo, lo fuma. Vuelve a pitar. Oprime “PLAY” en el
reproductor de audio de su carro, se empieza a escuchar la canción “Stop crying
your heart out” de Oasis, ella mueve la cabeza al ritmo de la música y tararea)
Catalina:-
(Cantando) ‘Cause all of the stars… are fading away…just try not to worry (Se
mira en el espejo retrovisor del carro) El último instante fue imaginario. La
realidad lo había consumido todo. Los años antes de estos doce años. Las ganas
de cambiar el mundo. Las ganas de vivirlo con él. Ya todo se desdibuja. Todo
parece de un sueño. (Pausa) Soñé un hombre que amaba, me soñé mirándome a los
ojos sin vergüenza ni rencor hacía mi misma, hacía él, hacía esto. (Pausa)
Ahora tengo cuarenta y tres y soy un sueño seco: la joven periodista que se
gradúa con honores en el extranjero y regresa para casarse con un excelente
hombre que triunfará en la política. (Ríe) Todo atrás. (Canta) And stop crying your heart out. (Pausa) Los sueños rosas se achatan porque el color rosa tiende a
decolorarse. (Pausa) Y hoy la sorpresa. Y precisamente hoy él me llama a la
oficina a informarme que en ocho días cenaremos con su colega en el Club del
Nogal, que ha hecho reservas (ríe)…y yo me reservo, y hoy la sorpresa. (Pausa,
se frota los ojos) Y yo con estos ojos a punto de saltarme hacía afuera de todo
el silencio que llevo adentro, de todo lo que se ha muerto en este cuerpo… y
aún así algo vive. (Pausa) Y aún si me tomará a mi misma en el pasado y me
forzara a elegir otras cosas…nada cambiaría. (Pausa) Aguanta, aguanta Cata,
solo van tres años del nuevo milenio, podrá cambiar. (Pausa) Me voy a inflar
hasta estallar.(Pausa) Otro trancón, otro viernes, otro volver a casa, tantos
otros iguales. Me duele el estómago, me duele la cabeza, me duele el alma, me
duele la vida y se me duermen los pies, se me duermen los sueños, se me durmió
el amor. (Pausa, se continúa mirando a través del retrovisor)Odio esta
expresión mía. (Pausa) Y él quiere que yo el siete de febrero sonría a sus
amigos, él quiere ese día como todo los días que lo escuche.(Pausa) ¿Y hoy? Hoy
la sorpresa que no es. La sorpresa que fue. La sorpresa que él ha esperado
durante doce años. La sorpresa del positivo que guardo en la cartera. (Se
escucha un pito. Catalina vuelve su mirada al frente. Mira el embotellamiento,
gira el timón a la derecha para tomar un atajo. Las luces se van yendo a la par
que la canción “Stop crying your heart out” de Oasis. Black Out.)
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Del infierno

¿Por qué tengo que defender este amor, si no es un amor indefenso? Este amor ha volado hasta mi pecho y se ha sembrado en mi para crecer fuerte. Este amor que quieren talar no hace sino crecer flores en mis labios y caricias en mi dedos. Este amor se enreda en mi cabello y habita mi cabeza, duerme mis angustias, tibia mis noches y alienta mis pasos. Este amor entiende mis silencios y me da espacio, mira hacía el cielo y disfruta de cosas sencillas. Este no es un amor violento sediento de carne. Es un amor de aliento, de viento, de pájaro. Que vino a mi sin querer en el revolón de los días y apaciguó a la hiena de mis adióses. Este amor vino a encender la cerilla de mi alma para volverme incendio, para volverlo incendio, para que los susurros cobardes solo puedan hacer crecer más la llama. Y ese es el infierno que ven. ¿Para qué tengo que defender este amor que es más fuerte que yo?¿Para qué defender este amor si es él quien nos defiende?
miércoles, 15 de julio de 2015
Desnuda
A mis pies anchos,
a mi colmillo montado,
a mis uñas frágiles,
a mi nariz grande y torcida,
a las cicatrices de mis manos,
a mi piel irregular,
al lunar que crece sobre mi pómulo,
a mis piernas rollizas y mis nalgas chatas,
a mi canalla columna que cruje cuando duermo,
a mis estrías, a mis hermosas y malqueridas estrías,
a mis ojos pequeños,
a mi cabello alborotado y seco que se niega a quedarse en mi cabeza,
a mis plantas callosas,
al espacio entre pulgar e indice de mis pies,
a mis manos masculinas y frías,
a mis venas que se asoman como ríos bajo mi piel,
a mis brazos velludos,
a mi garganta cada vez mas seca, cada vez mas roca,
a mi voz que se extingue,
a los vellos que nacen en mi pubis y axilas, los cuales arranco,
al aliento amargo de la mañana,
a mis senos diferentes,
a mi oído que no oye,
a mi papada,
a mi lengua que se enreda,
a mi panza,
a mi sudor pesado,
a mi sangre secreta,
a mis cejas escasas,
a mi lampiño parpado inferior,
al espacio entre mis dientes,
a mi rostro redondo.
Gracias por libertarme, gracias por mantenerme desnuda.
a mi colmillo montado,
a mis uñas frágiles,
a mi nariz grande y torcida,
a las cicatrices de mis manos,
a mi piel irregular,
al lunar que crece sobre mi pómulo,
a mis piernas rollizas y mis nalgas chatas,
a mi canalla columna que cruje cuando duermo,
a mis estrías, a mis hermosas y malqueridas estrías,
a mis ojos pequeños,
a mi cabello alborotado y seco que se niega a quedarse en mi cabeza,
a mis plantas callosas,
al espacio entre pulgar e indice de mis pies,
a mis manos masculinas y frías,
a mis venas que se asoman como ríos bajo mi piel,
a mis brazos velludos,
a mi garganta cada vez mas seca, cada vez mas roca,
a mi voz que se extingue,
a los vellos que nacen en mi pubis y axilas, los cuales arranco,
al aliento amargo de la mañana,
a mis senos diferentes,
a mi oído que no oye,
a mi papada,
a mi lengua que se enreda,
a mi panza,
a mi sudor pesado,
a mi sangre secreta,
a mis cejas escasas,
a mi lampiño parpado inferior,
al espacio entre mis dientes,
a mi rostro redondo.
Gracias por libertarme, gracias por mantenerme desnuda.
viernes, 10 de julio de 2015
La primera de Aisha
"Querida Leda:
Ya no puedo recordar. A veces
pienso que mis viajes, mi vida nómada me ha vuelto tan ajena a todo, no me
reconozco en nada, en nadie. ¿Cuántos años tenemos ya sin vernos? ¿Tal vez
quince? Sé que aún estas enojada por mi ausencia en el funeral de mamá. Sé que
no creíste nada de lo que te escribí en aquella carta, nada fue cierto. Nunca
pude engañarte. Esto se ha vuelto una enfermedad, el día que me llamaste contándome
que ella se había ido tuve suficiente, tú hablabas de no sé cuantos días de agonía
en cama y yo trataba de recordar el color de los ojos de mamá, ¿eran verdes?, no, ¿grises?, tampoco, ¿negros?,
no pude recordar siquiera si eran claros u oscuros; y tu seguías hablando del
sin número de médicos que la atendieron y del gesto solemne que tenía su rostro
cuando murió. En ese momento me tapé la boca para ahogar la carcajada, mamá había
fruncido tanto el ceño durante toda la vida que realmente dudaba que los músculos
de su difunta cara pudieran relajarse después de la muerte para develar un
gesto sosiego, es más también llegué a pensar que no recordaba sus ojos porque
nunca tuve la valentía de mirarlos fijos, de verdad le temía. No, eso no era
cierto, yo la había visto a través del cerrojo de su cuarto en la casa vieja,
yo la espié muchas noches mientras se enmarcaba los ojos con un lapicito negro justo
antes de verse con don Pascual, esas semanas en que papá estaba en las
algodoneras, de lo que él llamaba el caribe seco. Así que si no podía recordar
los ojos de doña Humbelina es porque sencillamente mi corazón no quería y por más
que lo intentara no lograría llorarla. Créeme Leda te evité una vergüenza, no
hay peor entierro que aquel donde no lloran al muerto, ¿te imaginas lo que
hubiesen dicho las tías rezanderas que aún sobreviven de ver que la hija menor
de Humbelina anda por ahí sin ningún tipo de suplicio con los labios pintados
de rojo ò fucsia ò uva fumando cigarrillos para pasar el tiempo?... "
CONTINUARÀ
domingo, 24 de mayo de 2015
Yo era, mamá, yo era.
Mamá yo soñé que me metía a los arroyos.
Soñé con la tierra negra y húmeda, yo era de tierra negra y húmeda y olía a vida.
Mamá yo soñé con las piedras mohosas y lisas del río y ya no estaba perdida.
Yo bailé tratando que se me desprendiera la carne, yo baile inmensa, henchida de alegría, baile con las hojas secas y el revolcón del viento.
Mamá yo era sustancia y pertenecía a algo más grande que yo, yo la gestaba y ella a mí. Yo fui madre, mamá. Yo era vida.
Mamá yo miré al cielo y el clarito que entraba por las copas era verde y amarillo, y sudaba.
Yo volaba y no tenía que hablar para saber todos los secretos. Yo era, mamá, yo era.
Mamá yo soñé que nací más veces y naceré y que la tierra me abrazaba para morir y me sembraba nuevamente.
Y fui muchas hembras. Y en mi vientre ya no había dolor, era tibio.
Yo también fui mi madre vieja. Esa que viene a veces a susurrarme en la oreja, esa que yo llamo instinto.
sábado, 9 de mayo de 2015
Carlota
Carlota era mi muñeca favorita. Tenìa muchas otras pero ella destacaba.
Carlota era la más grande entre las que sentaba en mi pequeña mecedora,
siempre ocupaba el lugar del medio. Tenìa por cabellos unas trenzas de
lana amarilla clarito cosidas a su cabeza de trapo, de ojos grandes,
azules y curiosos y una boca pequeñita, los últimos pintados a mano. Con
vestidito y caperuza que ocultaba la calvicie en la parte trasera de su
cabeza. Ambos verdes. Le puse ese nombre porque era como una versión
femenina de papá. Ella era mi compañera. Una mañana ambas compartíamos
un desayuno imaginario en mi habitación cuando sentimos un zumbido, se
hacía cada vez más presente y provenía de atrás de las cortinas lilas.
Entre curiosidad y valor decidimos tomar un extremo de la cortinilla y
despacio, muy lentamente fuimos desnudando aquella esquina de la
habitación. Después, el horror, tendido sobre la baldosa blanca, sus
ojos gigantes, todo ese vello, el sonido, el color marrón, ¡que figura
tan odiosa!. "-¡Una mosca gigante!, ¡una mosca gigante!" Repitiendo la
misma frase con la dicción enredada por el sobresalto en menos de cuatro
segundos recorrí los catorce escalones abajo para llegar a la cocina,
donde estaban papá y mamá. Pálida, petrificada y casi sin poder
articular entre los brazos de mamá recordé a Carlota, mi pobre, pobre
Carlota, en aquel momento solo supe de mi, la había abandonado a la
merced de la mosca mutante. -Una mo-mosca gigante. Señale el segundo
piso y me solté a llorar. Armada con la milicia más poderosa para
aquella época (mis padres) volvimos al lugar de los hechos. Atarzanada
en el abrazo de mamá y aun entre sollozos indiqué: ¡Ahí!. Papá se
agachó, corrió la tela, y con una de sus manos tomó a la criatura, con
la otra a Carlota. Siempre he pensado que sus manos cuadradas son lo
supremamente fuertes para defenderme de cualquier peligro y lo
supremamente suaves y tibias como para posarlas en mi cabeza y que yo
encuentre la calma. Me devolvió a mi Carlota, la abracé fuerte y me
dijo: -Monita no tienes porque tener miedo, esto no es una mosca
gigante. Es una chicharra. Las chicharras son cantantes. Él me explicó
todo sobre ellas, me hizo quererlas hasta el punto de rescatarlas de
morir ahogadas cuando caían a la piscina en mis clases de natación.
Carlota y yo eramos ahora socorristas de moscas mutantes.
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