ESCENA I
(En un café-libro,
son las cinco y media de la tarde. Una mesa redonda, una silla paralela al
público, en la silla está sentado Felipe, joven de 24 años, frente a él un café
caliente que jamás tocará, al otro lado de la mesa hay otro café servido.)
Felipe: (Al
público) Cuando la conocí el día estaba obscuro, bueno, es lógico ¿no? Estaba
atardeciendo… (Se escucha lejana la canción “Stop crying your heart out” de
Oasis, Felipe sonríe y tararea un poco, repite el coro) I’m not scared… ¿La
había escuchado antes? Seguro que sí. (Pausa) Cata la ponía a todo volumen
cuando íbamos en su carro, un día le subió tan fuerte que en una salida no
escuchamos el pito de otro carro y casi nos estrellamos, pero la canción estaba
tan fuerte, ella cantaba tan desafinado que el pobre tipo tuvo que hacer un
esfuerzo sobre humano para madriarnos, luego ella aún cantando lo volvió a
mirar, bajo su cristal, miró al tipo de arriba abajo, se cagó de la risa y
arrancó. Estábamos muy high. (Pausa) Ese viernes me pagaban y estaba esperando
salir para irme a enfarrar con unos parceros… mire yo no sé cómo, ni porqué,
pero cuando me mandaron a llevar ese capuccino ella estaba leyendo un libro de
arte moderno y justamente estaba en la
parte de Klimt, yo me quedé detrás de ella mirando la fotografía de la Dánae…
yo creo que se incomodó y por eso se volteó a mirarme. ¡Pa!. Como una flecha, esos enormes ojos saltones que me
miraban sobre las gafas. “¿Bonito, no?”, me dijo, yo asentí con la cabeza, nos
sonreímos y le puse el capuccino en la mesa. Después todo se fue a mal. Yo
sentía que la había visto antes. Me puse a detallarla mientras estaba en la
barra. ¡Adele! Claro, igualitas. El cabello negro ondulado, la figura
delgadísima, los labios finos, sus ojos gigantes y castaños y por supuesto su
cara de “me importa un culo todo”. Yo no me pude aguantar y me le acerqué a la
“Adele Bloch-Bauer” del café para decirle algo tonto sobre qué si sabía que el
famoso pintor Gustav Klimt le había hecho un retrato, ¡pero ella me cortó!...me
cortó diciendo que ya lo sabía, que también había visto historia del arte en la
universidad y que se llamaba Catalina,
no Adele. ¡El segundo “Pa”! (Pausa) Me fui a la mierda…me enamoré. (Pausa) Mire
yo no lo invité aquí para contarle como me volví el amante de su mujer, ni para
ofrecerle disculpas… yo sé que es incómodo. (Pausa) Yo solo le quería decir que
esa noche cuando usted se quedó en la mesa tomándose un vino o qué se yo y Cata bajó a buscar algo en
el carro, ella no iba sola.
ESCENA
II
(Habitación de
Felipe. Catalina, mujer de 43 años, fuma sentada en el borde de la cama, solo
lleva puesto su ropa interior, está inquieta, fuma cada vez más desesperada. Al
otro extremo de la habitación Felipe también en ropa interior, está de pie, se
agarra fuertemente con las manos la cabeza, su rostro se ve enrojecido)
Felipe:-
(Alterado) ¡Que no fumes más, Cata!
(Catalina lo
mira con ira, se gira y continúa fumando)
Felipe: -¡Ya
Catalina no más, que no fumes más, que eso va a joder...!(Catalina lo
interrumpe)
Catalina: - No
me jodas.
Felipe: - Mira
que vas a llegar oliendo a cenicero y se va a dar cuenta.
Catalina: -
No me jodas.
Felipe: -
(Conciliador, va a tocarle la cabeza a Catalina) Ven, ven y te ayudo a
arreglarte el pelo para que (Catalina se mueve bruscamente y lo interrumpe)
Catalina: - ¡Que
no me toques! ¿Crees que me importa un culo lo que piensen esos
pseudo-burguesitos de mierda? ¿O crees que mi esposo le va importar más como
voy vestida o a qué huelo que sus conversaciones del partido con el pendejo de
Suarez y su mujer? No seas idiota, Felipe.
(Catalina va a
encender otro cigarrillo)
Felipe: -
Entonces quédate. (Delicadamente le quita el cigarrillo de la boca)
(Catalina lo
mira a los ojos y le da un ataque de risa)
Catalina:-
(Riéndose) No seas iluso (Continua riéndose hasta que se calma) ¿Tú crees que
en este punto de mi vida yo pueda darme el lujo de salir corriendo y dejar todo
tirado por un peladito que conocí hace una semana? o ¿qué?¿me vas a mantener a
punta de quincenas de café? O ¿Vas a llegar en bicicleta cuando nos veamos en
un restaurante para comer? No, claro que no, porque con ese sueldo de mierda
que ganas a fuerza te alcanza para comer y comprar marihuana (Pausa, Catalina
se calma) Felipe, de verdad lo siento… yo no quise… es que esta situación me
tiene… (Felipe rompe contra el suelo la lámpara del nochero.)
Felipe: -Váyase.
Catalina:- Pipe,
enseri…
Felipe:
(Gritando) ¡Váyase!
Catalina:-
(Gritando) ¡No! A mí me tienes que escuchar. ¡Felipe!
(Felipe la toma
de un brazo por la fuerza, ella se reúsa, forcejea con él, le grita groserías,
le da bofetadas, lo muerde. Felipe abre la puerta de la habitación, la empuja
afuera y le cierra la puerta en la cara. Catalina patea la puerta desde afuera.
Felipe recoge un vestido y un par de tacones, abre la puerta los arroja a los
pies de Catalina y vuelve a tirar la puerta.)
Catalina: - (Voz
en Off, llorando) ¡Hijueputa! ¡Hoy le cuento todo! (Sollozando) Maldita sea la
hora en que me enamoré de ti.
ESCENA
III
(Son las 5 y 20
de la tarde. Catalina está sentada en el asiento del piloto de su carro,
atrapada en un embotellamiento. Desde el público la vemos de espalda, es decir,
la parte de atrás del carro da al proscenio. Catalina toca impaciente la bocina
del carro. Saca un cigarrillo, lo fuma. Vuelve a pitar. Oprime “PLAY” en el
reproductor de audio de su carro, se empieza a escuchar la canción “Stop crying
your heart out” de Oasis, ella mueve la cabeza al ritmo de la música y tararea)
Catalina:-
(Cantando) ‘Cause all of the stars… are fading away…just try not to worry (Se
mira en el espejo retrovisor del carro) El último instante fue imaginario. La
realidad lo había consumido todo. Los años antes de estos doce años. Las ganas
de cambiar el mundo. Las ganas de vivirlo con él. Ya todo se desdibuja. Todo
parece de un sueño. (Pausa) Soñé un hombre que amaba, me soñé mirándome a los
ojos sin vergüenza ni rencor hacía mi misma, hacía él, hacía esto. (Pausa)
Ahora tengo cuarenta y tres y soy un sueño seco: la joven periodista que se
gradúa con honores en el extranjero y regresa para casarse con un excelente
hombre que triunfará en la política. (Ríe) Todo atrás. (Canta) And stop crying your heart out. (Pausa) Los sueños rosas se achatan porque el color rosa tiende a
decolorarse. (Pausa) Y hoy la sorpresa. Y precisamente hoy él me llama a la
oficina a informarme que en ocho días cenaremos con su colega en el Club del
Nogal, que ha hecho reservas (ríe)…y yo me reservo, y hoy la sorpresa. (Pausa,
se frota los ojos) Y yo con estos ojos a punto de saltarme hacía afuera de todo
el silencio que llevo adentro, de todo lo que se ha muerto en este cuerpo… y
aún así algo vive. (Pausa) Y aún si me tomará a mi misma en el pasado y me
forzara a elegir otras cosas…nada cambiaría. (Pausa) Aguanta, aguanta Cata,
solo van tres años del nuevo milenio, podrá cambiar. (Pausa) Me voy a inflar
hasta estallar.(Pausa) Otro trancón, otro viernes, otro volver a casa, tantos
otros iguales. Me duele el estómago, me duele la cabeza, me duele el alma, me
duele la vida y se me duermen los pies, se me duermen los sueños, se me durmió
el amor. (Pausa, se continúa mirando a través del retrovisor)Odio esta
expresión mía. (Pausa) Y él quiere que yo el siete de febrero sonría a sus
amigos, él quiere ese día como todo los días que lo escuche.(Pausa) ¿Y hoy? Hoy
la sorpresa que no es. La sorpresa que fue. La sorpresa que él ha esperado
durante doce años. La sorpresa del positivo que guardo en la cartera. (Se
escucha un pito. Catalina vuelve su mirada al frente. Mira el embotellamiento,
gira el timón a la derecha para tomar un atajo. Las luces se van yendo a la par
que la canción “Stop crying your heart out” de Oasis. Black Out.)
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